
Derechos Reservados 2009: Hospital General de Culiacán 2009
Conocida clínicamente como disfemia, la tartamudez se caracteriza por una serie de cortes o interrupciones en la continuidad del discurso hablado y se acompaña de tensión muscular y emocional. Además constituye una expresión visible de factores biológicos, psicológicos, educativos, culturales, familiares y sociales.
En tanto que la expresión oral es parte indispensable de la interacción social, cuando no se realiza de manera efectiva y se presenta la disfemia, la persona suele sentirse disminuida y desvalorada.
Las causas de la tartamudez no se conocen con certeza, hay teorías que adjudican la predisposición a tartamudear a factores genéticos. Algunos científicos apuntan que pequeñas disfunciones del cerebro interrumpen la precisa coordinación de los más de 100 músculos empleados en el habla, provocando que el mecanismo del lenguaje sea vulnerable a los cortes de la expresión oral.
La licenciada
en la Educación de personas con trastornos de audición
y lenguaje, de la Escuela Normal de Especialización de la Ciudad
de México, Carmen Elisa Libreros Franco, que consulta en el
Hospital Ángeles del Pedregal, aclara que la tartamudez sólo
se presenta en el ámbito de la comunicación interpersonal,
es decir, en presencia de un interlocutor, y desaparece cuando el
tartamudo habla solo o con animales domésticos, canta, imita
acentos y lee en voz alta al unísono con sus congéneres.
Por lo general, la disfemia aparece en la niñez, raramente
se presenta en la edad adulta.
Se sabe que existen factores desencadenantes de la disfemia en los menores: retraso en el desarrollo del lenguaje, padres ansiosos, agresivos y drásticos que exigen a su hijo que hable, piense y actúe como adulto y no como niño, además de un clima hogareño tenso o competitivo; con mínimas oportunidades de diálogo entre sus integrantes.
La especialista del lenguaje admite que no es fácil reconocer el tartamudeo patológico y distinguirlo del fisiológico, es decir, de los errores de lenguaje normales que se manifiestan durante la edad preescolar y maternal, por lo que recomienda a los padres estar atentos y consultar a un terapeuta del lenguaje si advierten los siguientes signos de alerta:
Las tres primeras
señales de peligro se presentan ocasionalmente en todos los
niños, pero es motivo de preocupación si ocurren con
frecuencia, en situaciones distintas y deforman los moldes de la dicción
de tal forma que afectan la comunicación del menor.
Las restantes cinco señales de peligro se presentan cuando
el niño reacciona a las interrupciones de su habla, inhiben
el flujo de sus palabras y mutilan la comunicación. Son indicio
de que el menor se esfuerza por superar sus problemas y probablemente
esas reacciones sean automáticas; inconscientes. Si bien la
evasión y la tensión parecen aliviarle un poco al principio,
a la larga son perjudiciales porque añaden elementos confusos
a la dicción y se tornan graves a medida que el niño
se esfuerza más por hablar bien.
Cuando la tartamudez se ha declarado, a los mencionados signos de alerta, se suman los siguientes síntomas:
¿Cómo ayudar a un niño que presenta estos síntomas?
La especialista Libreros Franco sugiere que los padres adopten las siguientes medidas:
1. No se angustie
por la forma cómo habla su hijo, los niños captan rápidamente
los estados de ánimo y reaccionan a ellos.
2. Escuche pacientemente lo que el niño diga y no cómo
lo dice.
3. Deje a su hijo completar la idea sin interrupciones y con sus propias
palabras.
4. Mantenga el contacto visual, de manera natural, mientras su hijo
habla.
5. Evite completar las frases que el niño quiere transmitir.
6. Responda despacio, sin prisas y use algunas palabras que él
empleó: Por ejemplo: si el niño dijo: “V-v-v-veo
un c-c-c-conejo”, usted contestará, lenta y relajadamente:
“Sí ¡mira! Es un conejo. ¡Qué bonito!
7. Espere unos segundos antes de responder al niño. Esto ayuda
a aliviar la tensión del momento y hará que la expresión
oral sea agradable para el niño.
8. Diariamente, disponga de 5 minutos para hablar con su hijo de manera
fácil, relajada y sin prisas.
9. Cuando realice actividades que requieren concentración (como
conducir o cocinar), asegúrele al niño que lo está
escuchando y prestando atención aunque no lo mire.
10. Busque distintas formas de manifestarle a su hijo que lo ama,
lo valora y disfruta el tiempo que comparten.
Sugerencias para los maestros
La especialista aconseja a los maestros que sospechan que un alumno padece disfemia, que comuniquen su inquietud a los padres para que busquen a un especialista que evalúe al menor y le proporcione ayuda. Sin ella, es probable que el problema de lenguaje afecte el desempeño escolar del niño.
Cabe aclarar que
en edad maternal y preescolar el niño presenta disrritmias,
errores de lenguaje caracterizados por repeticiones o prolongación
de sonidos, que son normales en esta etapa. Las disrritmias desaparecen
conforme el niño crece y perfecciona su habla.
La recomendación de la Lic. Libreros es “escúchelos
con paciencia y respóndanles calmadamente, esto ayudará
a que niños y niñas recuperen sus capacidades lingüísticas
y se sientan a gusto en la escuela”.
Para el niño con disfemia que acude a la escuela primaria, la clase puede representar un verdadero tormento. No sólo repiten y prolongan sonidos marcadamente, también titubean, se tensan y se frustran. Algunos niños mostrarán total preocupación hacia su problema, otros se negarán rotundamente a hablar. La mayoría se ubica generalmente en el término medio.
“Es importante que el maestro le muestre apoyo en privado y le explique al alumno que su tartamudez no le molesta, que la acepta y desea que hable para entender lo que piensa, lo que ha aprendido y cómo se siente. Si ha sido blanco de burlas y bromas, hágale ver que muchos niños reciben burlas por distintos motivos y que no se lo tome demasiado en serio. Además, convendría que hablaran con quienes le han jugado bromas al menor tartamudo y les solicite su apoyo, pero NUNCA, castigarlos”, explica la especialista.
Para facilitar la situación al niño con disfemia, se aconseja que el maestro plantee al alumno las preguntas de tal modo que se contesten con pocas palabras y procure que sea de los primeros en responder para ahorrarle la tensión que supone esperar su turno. Y, de igual modo, asegurarle a la clase que disponen del tiempo necesario para contestar, que piensen las respuestas y no sólo contesten rápidamente.
En muchos casos, los niños tartamudos pueden leer fluidamente si lo hacen al unísono con otro compañero. Permita entonces que todos los niños de la clase lean en pares, de este modo el afectado no se sentirá diferente, e irá ganando confianza.
La disfemia en el adulto
Ante un adulto tartamudo, la actitud más adecuada a seguir, es conversar y comportarse de igual modo que lo haría con otra persona, manteniendo el contacto visual. Nunca avergonzarse, burlarse o reírse de la situación. Además evite los comentarios que lo hagan sentirse evaluado, como por ejemplo: “te felicito, estás hablando mucho mejor” o “lo hiciste bien”
Sea paciente y no trate de completar las frases del tartamudo. Procure, en todo caso, crear una buena atmósfera para la comunicación utilizando un ritmo pausado y tranquilo sin que parezca exagerado o poco natural.
La situación se torna más tensa y desagradable para la persona con disfemia si hace comentarios tales como: “relájate”, “habla más despacio”, “no te pongas nervioso” o “respira profundo”, pues le acrecientan el miedo a entablar el diálogo. Lo mejor es transmitirle que lo importante es lo que dice y no cómo lo dice.

